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Los enemigos de la Patria

Por: Francisco Martín Moreno

Son enemigos de la patria quienes se pronuncian a favor de la reforma del Artículo 24 de la Constitución. Sus razones descansan en la supuesta necesidad de incorporar en nuestra Carta Magna la libertad religiosa. Al respecto cabe decir que dicho artículo 24 vigente establece: “Todo hombre es libre para profesar la creencia religiosa que más le agrade y practicar las ceremonias, devociones o actos de culto respectivo, siempre que no constituyan un delito o falta penados por la ley.” Por si lo anterior fuera insuficiente el propio dispositivo establece en su segundo párrafo: “El Congreso no puede dictar leyes que establezcan o prohíban religión alguna.” ¿Si todas las iglesias, incluida la católica, llevan a cabo su tarea espiritual en un ambiente social y legal de abierta libertad y seguridad religiosa, ¿por qué reformar la disposición si la libertad religiosa ya está contenida en nuestra ley suprema? Muy sencillo: el clero católico, voraz e insaciable históricamente, lo que pretende, en el fondo, es modificar el artículo 3 de la Constitución, así como el 5, el 27 y el 130 para desmantelar el Estado laico que los juaristas pudieron construir a sangre y fuego durante los 3 años de duración de la Guerra de Reforma, lucha fratricida estimulada y financiada por el clero católico con las limosnas pagadas por el pueblo de México.

Si, como se ha dicho, el artículo 24 ya establece la libertad religiosa, la Cámara de Senadores no debe reformar la iniciativa ya aprobada en el clandestinaje por los diputados después de violar los procesos legislativos. Felipe de Jesús Calderón, representante de la extrema reacción —esperemos que no le bese la mano al Jefe del Estado del Vaticano— solo pretende aliado con el PRI, para la sorpresa del electorado, heredar a la iglesia católica sus privilegios existentes antes de la Guerra de Reforma. No podemos permitir que México vuelva a ser gobernado desde los altares porque cuando esto aconteció el clero llegó a detentar el 52% de la propiedad inmobiliaria del país, asestó golpes de Estado, impuso tiranos, se constituyó en el principal y único banquero, cobraba impuestos como el diezmo, tenía hasta 6 o 7 veces más presupuesto anual que el gobierno federal; los arzobispos cobraban sueldos muy superiores al del Presidente de la República, además de disfrutar de fueros civiles y militares de modo que ningún tribunal de la nación pudiera sentar en el banquillo de los acusados a cura alguno. A los pederastas se les juzgaba por el pecado cometido sin purgar penas corporales como cualquier otro ciudadano. El atraso y la regresión, la pavorosa involución en todos los órdenes de la vida nacional se impuso como una patética realidad hasta que Benito Juárez y esa ilustrísima generación de liberales mexicanos, la mejor de la historia patria, logró separar por medio de una dolorosa y sangrienta cirugía mayor a esa gigantesca sanguijuela que se encontraba enredada alrededor del cuello del pueblo de México succionándole toda su energía y arrebatándole sus más caras esencias.

La educación religiosa no solo embrutece y envenena a la niñez con dogmas absurdos como el del verbo encarnado, cuando en nuestros días, se practica la inseminación in vitro y se puede escoger, a través de los cromosomas, el color de los ojos del hijo deseado. Solo que el objetivo oculto del clero para modificar el artículo 24 y lograr que en las escuelas públicas se imparta la religión católica no es otro que el de iniciar masivamente el ciclo económico de la iglesia católica que comienza con el bautismo, por el cual se cobra; por la primera comunión, por la cual se cobra; por la confirmación, por la cual se cobra; por los quince años, por los cuales se cobra; por el matrimonio religioso, bodas de papel, plata y oro, hasta llegar a la extremaunción, por todo lo cual también se cobra, claro está, sin olvidar las bendiciones de la casa, del taller, de la industria o del consultorio, servicios religiosos por los cuales también se cobra, sin perder de vista, las limosnas y los donativos recaudadas en los templos.

Cuando el clero católico se percató de la existencia de 18 millones de fieles militantes de otras religiones y descubrió el desplome escandaloso de sus finanzas por la fuga masiva de las ovejas rebeldes de su rebaño, según queda evidenciado en los censos del 2010, el clero decidió salir a la calle, pasando por alto todas las normas, invitando a Calderón a comulgar en la Catedral a título de ejemplo, para empezar a recuperar su mercado espiritual. Si la gente deja de venir a los templos, el clero insaciable, ajeno al Evangelio, por esa razón Jesús llamó a los fariseos del templo, “raza de víboras”, irá a la calle, a buscar dinero, el único móvil del clero católico. ¿Acaso la Plaza Mariana en la Basílica de Guadalupe o el Santuario de los Mártires Cristeros, en Guadalajara, donde se enajenan en total 300 mil criptas a 25 mil pesos, no es un negocio camuflado de caridad en el que los parásitos clericales se embolsan el IVA y omiten el pago del ISR? He ahí una muestra más que clara de que los fueros en México siguen existiendo no solo porque jamás veremos a un alto prelado procesado ante el Poder Judicial, sino que tampoco los veremos pagando impuestos como lo hacemos empresas y los ciudadanos.

No a la reforma al 24. Nuestros abuelos fueron asesinados para poder promulgarlo. No permitamos que lo echen para atrás.

 

[Vía: http://www.franciscomartinmoreno.com]

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